Sala de Prensa

Adiós a un luchador incansable

El día 21 de marzo de 2020 recibimos uno de los golpes más duros de nuestra vida. Una llamada de teléfono rompió mi corazón, el de nuestra familia y el de tantos amigos en mil pedazos. No hay palabras para describir el inmenso dolor y la tristeza que sentí, que sentimos. Siempre es una tragedia perder a un hombre tan grande y excepcional, pero más terrible es hacerlo en estas circunstancias. Nuestro padre se ha ido de manera inesperada, sin poder decirle todo lo que le queremos, sin poder despedirnos.

Los que crecimos a su sombra siempre supimos la persona tan fantástica y excepcional que era nuestro padre. Sabemos también lo inmensamente querido y respetado que ha sido. Fue un hombre emprendedor, valiente, íntegro, luchador incansable donde los haya, exigente y a la vez muy generoso. Lo dio todo por los demás. Nos transmitía su alegría, su fuerza, su garra y su coraje sin límites.

Él fue, es y será mi referente personal. Él ha guiado mis pasos y marcado toda mi vida.

Llegó a La Rioja en 1982 con su familia y sólo una maleta, con la decisión de iniciar un proyecto empresarial para proveer a las empresas y al conjunto de la  sociedad riojana de las más innovadoras soluciones informáticas y tecnológicas. Durante toda su vida apostó por el valor de las personas, estableció las más fuertes y estrechas alianzas con los fabricantes líderes mundiales tecnológicos y puso todo su esfuerzo en invertir, en innovar, logrando convertir a Emesa en el referente tecnológico y empresarial en la región que hoy es, formada por más de 72 personas en la actualidad.

Trabajó por esta tierra, La Rioja, que lo acogió desde el primer día. Luchó con pasión, incansable, con toda su fuerza y empeño, poniendo su cuerpo y su alma cada uno de sus días en la defensa de esta región y en el propósito de situarla en los niveles más altos tecnológicos a nivel nacional. 

Nos sentimos tremendamente orgullosos del gran padre que hemos tenido, de todas las enseñanzas de trabajo, esfuerzo, respeto, lealtad que nos transmitió y de todos los valores que siempre nos inculcó.

Todos tenemos un duro camino por delante, pero es nuestro deber y responsabilidad, por  todos los que nos acompañan todos los días, seguir luchando por su legado y mantener unida nuestra empresa, que es como nuestra familia.

Papá, siempre pensaba que ibas a estar a mi lado, que siempre estarías ahí para lo que necesitara: para apoyarme y resolver todas mis dudas y mis problemas, mi día a día. Ahora me doy cuenta de lo indispensable que eras para mí y la falta que me haces. 

Te quiero mucho, papá, y siento un vacío inmenso en mi corazón, que llora extrañándote. Recuerdo con lágrimas momentos juntos, tu gran corazón, tu alegría, tu coraje, la felicidad que nos contagiabas y, sobre todo, tu generosidad. Fuiste nuestro ángel en la tierra y ahora lo serás en el cielo. Tu energía y tu espíritu seguirán con fuerza en nuestras vidas. 

 

Eduardo Solar Montoya

 

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